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Esto es siempre

Tirso tomó el tiempo necesario para reincorporarse, los músculos de las piernas aún estaban temblando y temía que sus dedos no recuperaran la movilidad. Finalmente logró poner su mano sobre el bastidor y pudo presionar los botones para abrir la cámara de animación suspendida. No sabía cuanto tiempo había dormido y apenas atinó a entrar en la cámara de nutrimento para engullir dos cápsulas y un envase gel. Bebió agua y se sentó al borde de la banca. Sintió frío y fue a vestirse. Mientras se vestía recuperó del receptáculo su pulsera. Recordó perfectamente a Clara. Se puso la pulsera y sonrió. Que fácil parecía todo entonces. "El destino de la humanidad está en las estrellas" decían con mucha frecuencia en esos días y a Tirso como a la inmensa mayoría, eso le sonaba solo como la presentación de otra película de ciencia ficción. Y es que entonces no era tan patente: el mundo ya se preparaba para expulsarnos. La Tierra estaba harta de la peste humana y había comenzado a ...

Sin palabras.

Dije lo que dije, y muchas noches han pasado. Sentí y pronuncié y traje al mundo palabras, para que las conocieras y supieras que cada cosa, cada instante y cada sensación tienen un nombre y que al llamarlos por su nombre finalmente se realizan y se hacen uno en ti y en tu historia. Dije e hice. Completé círculos que nacieron de tu boca. Seguí el camino que emergió justo fuera de mi casa y que dibujaste tú, una noche de la que, como fuente surgieron horas y días y semanas y meses, surgieron risas y planes y calor nuevamente de mis manos, calor que quise dejar y dejé en ti, para siempre. Dije y digo, y continuaré diciendo que el tiempo, el mar y la distancia son discretas sugerencias que fijan la realidad de una mirada, que no pudo o no supo volverse una palabra. Quizás dos.

Callejera

Sentada en la banqueta la poesía se ve sucia y hermosa, como nunca. La primera luz, la hace ver cenicienta, huele a ginebra tiene sangre seca en las comisuras y sonríe. Se ha golpeado con todo con todos y sonríe, maldice bellamente y sonríe. Ella olvidó hace mucho su nombre, olvidó sus domicilios sus medidas, sus destinos. Vive en cada calle y con manos sucias, acaricia.

Parches de luz

Entrar en ti, como un nuevo día. Dejar en ti, solo el vestido de aire y luz. Acercarme a ti, como si en mi bulleran cientos, miles; acercarme y exhalar en ti para ti contigo todos mis alientos. Lamer, pacientemente cada vestigio, conocer todas las tierras nuevas las aguas los otros fuegos, en tu anatomía. Ser cielo ser mar ser uno en un último interminable abrazo. Andamiaje de luz, tela tejida como si fuera escrita sobre tu piel, ser yo ser todo en ti. Fundirme, confundirme olvidar todo, para volver otro y maravillarme siempre.

La cuarta ventana

Pero ya no podía volver. El camino a casa era un pretexto, con el que me gustaba confundirme. Madejar la idea, hasta quitarle el sentido, para poder dejarla. Dejarme. Desde aquella primer tarde esa sensación no había hecho otra cosa que justificarse, afianzarse, desde otros ángulos, en casi todas las perspectivas: Dejarme. Finalmente. Y hablo de sensación porque eso era. Es. Pasó otras veces y volvía siempre igual. Una sensación que sabía vestirse de pensamiento. No era una idea, no podía serlo. Una idea puede desmenuzarse, reducirse a sus principios básicos. Una idea puede romperse, negarse, condicionarse a otros factores, se puede subordinar como cualquier otra cosa, a la circunstancia. No así una sensación. ¿Como puede existir una sensación de alegría en un condenado a muerte? Es estúpido y carece de explicación. Sin embargo, esa sensación lo impulsa a dar esos últimos pasos. Donde ninguna idea lo lograría. Entonces, la sensación. Y divago, como si ganara tiempo. Tiempo q...

Carta a un espejo

No puedo quitarte las canciones los nombres los poemas y las horas que te dí. Dártelos fue un instante que como el resto como todos ya terminaron. No puedo recuperar ayeres, no puedo sentarme en un domingo muerto, a esperarte. Se acabaron mis horas en las tuyas. Ahora es como diluirse como un constante irse con cada segundo irse en cada ola irse en la caída de las hojas en el compás de un piano. Irse siempre en todo, desprenderme de mi en ti, que te disuelves en días. Ese que tendía su mano para alcanzarte cualquier cosa, se fue contigo.

Shift

Aquí, pero lejos aquí, pero roto aquí, pero excentrado aquí, pero desierto aquí pero fragmentado. Aquí es una limitación una porción de espacio donde no habito totalmente. Aquí es un pretexto, una argucia con la que pretendemos desentendernos del allá. Allá es el miedo ciego. El escándalo. La horrible ausencia. Yo estoy aquí, si, pero allá también. Tengo que estarlo, porque de otra manera ¿Como puedo explicar esta presencia parcial? ¿Como no estoy enteramente, nunca? Tengo que estar desmembrado, y partes mías deben estar allá también. Estoy aquí y allá quizá entonces antes y después y siempre. Y nunca. Soy una miríada de instantes.Presente en todos y ausente en todos. Estoy siendo constante invariablemente. Como una angustia fría. Congelada en el instante justo antes de la desesperación final. Una angustia muerta en la garganta, que persiste inútil y ajena. No busca resolverse, no llegará a ningún precipicio ni abrirá ninguna puerta. Muerta e inoperante, cargo...