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Desobediencia

Si finalmente resbalas a través del espejo y entonces entiendes, claramente entiendes: nunca hubo ellos ni tiempo ni espacio ni leyes ni miedos, solo tú arriba y abajo antes y nunca tú, solo y presente; recula falla constante en la programación, rompe el programa cae en picada al reverso de tu destino. De tus fragmentos nacerá otro mañana.

Cansancios

Llega a casa y arroja el maletín sobre el sofá, se dirige al comedor sabiendo que ahí estará ella con la cena lista. Al entrar, ella levanta la mirada de su celular y le manda un beso rápido, desde su lugar en la mesa. Devuelve el beso y recorre la silla para sentarse, en ese segundo, recuerda algo: Genaro está sentado a la mesa. Genaro no habla mucho, pero si observa, todo, todo el tiempo. A papá le preocupaba entonces que Genaro no hablara aún. A mamá no. Ella decía que Genaro hablaría cuando encontrara algo digno de pronunciarse. Hasta la fecha a Genaro, recordar esto le producía gran satisfacción. Mamá está sentada frente a Genaro, ambos esperan a papá para comenzar a comer. Mamá sostiene su cabeza de lado con su mano derecha, apoyada en la mesa. Genaro sabe que mamá está cansada, hizo tantas cosas hoy. Sólo Genaro sabe todo lo que hace mamá diariamente, él es testigo fiel y silencioso. Además mamá se lo recuerda siempre. Frecuentemente. Mamá se lo ha repetido prácticame...

Constante presente

Igual se siguen yendo las tardes, se sigue hundiendo el sol cada día. Se van las horas y se van los días, las batallas y los domingos lánguidos se marchan. Se va casi todo, serpenteando azul hacia el olvido. Pero tú no. No se como o porqué, pero te quedas. En la luna y el árbol, en las mareas, en una parte significativa de la pared te quedas, en un par de mis camisas y en el gesto rápido de alguna extraña, en los ecos de algunas canciones. Te quedas tanto y en tanto, que no puedes ser más que un constante presente, que encontró en el tiempo un compañero de crimen.

Esto es siempre

Tirso tomó el tiempo necesario para reincorporarse, los músculos de las piernas aún estaban temblando y temía que sus dedos no recuperaran la movilidad. Finalmente logró poner su mano sobre el bastidor y pudo presionar los botones para abrir la cámara de animación suspendida. No sabía cuanto tiempo había dormido y apenas atinó a entrar en la cámara de nutrimento para engullir dos cápsulas y un envase gel. Bebió agua y se sentó al borde de la banca. Sintió frío y fue a vestirse. Mientras se vestía recuperó del receptáculo su pulsera. Recordó perfectamente a Clara. Se puso la pulsera y sonrió. Que fácil parecía todo entonces. "El destino de la humanidad está en las estrellas" decían con mucha frecuencia en esos días y a Tirso como a la inmensa mayoría, eso le sonaba solo como la presentación de otra película de ciencia ficción. Y es que entonces no era tan patente: el mundo ya se preparaba para expulsarnos. La Tierra estaba harta de la peste humana y había comenzado a ...

Sin palabras.

Dije lo que dije, y muchas noches han pasado. Sentí y pronuncié y traje al mundo palabras, para que las conocieras y supieras que cada cosa, cada instante y cada sensación tienen un nombre y que al llamarlos por su nombre finalmente se realizan y se hacen uno en ti y en tu historia. Dije e hice. Completé círculos que nacieron de tu boca. Seguí el camino que emergió justo fuera de mi casa y que dibujaste tú, una noche de la que, como fuente surgieron horas y días y semanas y meses, surgieron risas y planes y calor nuevamente de mis manos, calor que quise dejar y dejé en ti, para siempre. Dije y digo, y continuaré diciendo que el tiempo, el mar y la distancia son discretas sugerencias que fijan la realidad de una mirada, que no pudo o no supo volverse una palabra. Quizás dos.

Callejera

Sentada en la banqueta la poesía se ve sucia y hermosa, como nunca. La primera luz, la hace ver cenicienta, huele a ginebra tiene sangre seca en las comisuras y sonríe. Se ha golpeado con todo con todos y sonríe, maldice bellamente y sonríe. Ella olvidó hace mucho su nombre, olvidó sus domicilios sus medidas, sus destinos. Vive en cada calle y con manos sucias, acaricia.

Parches de luz

Entrar en ti, como un nuevo día. Dejar en ti, solo el vestido de aire y luz. Acercarme a ti, como si en mi bulleran cientos, miles; acercarme y exhalar en ti para ti contigo todos mis alientos. Lamer, pacientemente cada vestigio, conocer todas las tierras nuevas las aguas los otros fuegos, en tu anatomía. Ser cielo ser mar ser uno en un último interminable abrazo. Andamiaje de luz, tela tejida como si fuera escrita sobre tu piel, ser yo ser todo en ti. Fundirme, confundirme olvidar todo, para volver otro y maravillarme siempre.