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Campos verdes
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Vamos ateniéndonos al fondo del vaso, a la conclusión a medias que nos da la felicidad postrera del alcohol; noche, cemento y luces, se sabe, no somos culpables más que en ese reducto dolido de la mañana. Vamos pues entonces, atengámonos al fondo del vaso. Pasa el ruido, el dolor, la náusea. En verdad pasa todo. Y decir esto es una reivindicación de un miedo, casi dulce, que nos acompaña desde nuestra primera y tierna infancia. Nuestro primer y verdadero amigo. Y ahí vamos todos, dándonos de narices contra nuestros días, girando con nuestros papeles, nuestras pequeñas batallas diarias, vamos entrándole al reloj, a las tarjetas, a la terca rutina que nos engatuza tibiamente con sus promesas quincenales, sus abonos fáciles, sus 15 minutos de descanso, vamos metiéndonos, ya distráidos, ya cansados al latente vientre del decrépito lobo, a la conmiserada vida y su ciudad y sus lentas máquinas. El deplorable estado de deshecho. Y no estámos solos, no estámos acompañados tampoco, pero el hart...
Siéntese aquí
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Hay un vasto profundo dique entre yo y las cosas sencillas, lo rápido resuelto lo fácil, lo simple. Y lo quiero alzo las manos inútilmente me esfuerzo y ahí nomás se ahonda la brecha; café, cigarro, que se joda vengan pues las lluvias vengan las peores calles y todos sus baches vengan las horas de tráfico vengan las palabras erróneas las malas interpretaciones, que se azoten en mi rostro las miradas dolidas, heridas, odiosas odiando caigan una a una o todas juntas y vean si me importa un pito.
30 going 40
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Me conoces bien, sabes del lívido arte mío de desconocerme, desdoblarme al punto de convertirme en un extraño. Sabandija despreciable y lejanamente cómica. Cúbreme, llena mi noche de reproche y café, atúrdeme con la lengua; expónme al escarnio del que no pudo escapar. Vamos así llenándonos del alquitrán que son nuestras almas, agotémonos en el vano intento de encontrarnos, y que la sonrisa cansada del desconcierto sea el dulce comienzo de un nuevo ascenso donde los años nos parecerán blandos y tantas cosas pasarán y todo parecerá bueno y vasto y casi justo. Alrededor la sangre y el humo serán de nuevo solo el pasajero tema que apenas se comenta, las manos irán y vendrán y de tarde en tarde habrá algo después de comer que se parecerá a la satisfacción. Pero no. Ahí, tras esa cortina de vida, entre nuestros dedos enlazados comenzará la vibración nuevamente. Desde atrás, desde el simple consuelo de haberlo presentido, la hecatómbe, todo en añicos, astillas y la carcajada triunfante de los...
Eterno retorno
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Asciendo por andamiajes antiguos, polvo lágrimas de asceta. Mi alma gira contemplándose. Años que se acumulan; las moscas del tiempo hojas que en silencio sepia agostan la mirada y el apetito cede, concederse el descanso no hay nada para encontrar. El divino halo de luz que descubre finísimas particulas que doradas y lentísimas levitan en el patio, llenando mi memoria del oro de lo olvidado. El viaje fué largo mi corazón es mas viejo y guarda más cosas quizá por eso la antigua casa sigue siendo grande.
Sin defensa
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Dame el lastre de tu última hora; incendiémos el aire dejémos nuestra sangre impregnada en este ambiente regalado, vámonos escupiéndo en la boca de ese que grita su estúpida consigna. Todo está hecho de cadáveres en cada calle hay historias grotescas de lentas muertas que se arrastran al olvido, al helado limbo, a la nada. En los páramos donde caminamos nada se escapa de la codicia. En cada uno de nuestros pasos está cifrado el destino previamente decidido, ya no por un demiurgo borroso, si no por un conglomerado de manos, que firman, calculan, computan nuestras necesidades, nuestros gustos nuestra afinidades y pasiones, está decidida nuestra suerte los altos y bajos los mas altos ideales los rapaces instintos nuestra hambre y hora de levantarse y la muerte que nos alcance.
Siempre 16/12
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Venías en las horas blancas en los reflejos del agua en el romper de la ola en el giro de la hoja al caer, su giro era tu mano. En el atardecer te guardabas en mis brazos y contabas uno a uno mis silencios decias, que de noche me volvía mudo, ciego a veces. Y así, de golpe vienes a mí fiel retrato de tí misma en la distancia que no te engloba: cadalso del reloj rúbrica de mi voz hálito de espuma hoja de mercurio púlpito de mi deseo exequía de mi mañana réplica de Artemisa Ortia, arco y hambre. En mi lugar, en el extravío de mi imágen tu no estás, pero estuviste y vuelvo para encontrarme con tu más vívida ausencia.