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Pendejo Sartre

El infierno es uno mismo.

Agua

Quiero la tormenta quiero al sol subyugado obnubilado tras la reja gris de la nube quiero el azote el granizo en el lomo. Quiero el deslave el olor de la tierra muriendo huyendo al relámpago transmutándose. Quiero el cielo negro el transcurrir líquido. ¿Cuanta sangre mía no ha corrido sobre el agua? Quiero el atardecer perdido en la noche, el nunca flácido de las horas entrópicas. Quiero la lluvia eterna el diluvio merecido sin causa ni efecto, el trueno que espanta a todos los sonidos, perderme en él en la vibración los segundos después; los ojos apretados las orejas aprisionadas entre las manos.

Requiém

Quiero descender girando hasta la cima de mi cielo y encontrarte olvidándome, quiero tomar entre mis manos nuestros frutos ponerte en mi espalda y volver adonde no había odio ni ojos cerrados ni teléfonos descolgados ni manos tendidas al aire ni largos monólogos al techo ni huecos en el pecho. Como quiero.

Trabajo de noche

En cualquier habitación, hay un sedoso comercio de palabras, de miradas dentro del círculo que dos tejen con caricias y roces, sólo existe la dirección y el trámite que ambos buscan desde su dulce ignorancia. En las risas de alcoba, en los románticos planes en la promesa del siempre, no cabe nunca la duda no existen fantasmas ni hay el miserable miedo al fracaso todo cabe y se resume en el brillo majestuoso que sus ojos refulgen no existe más que el calor de su mano. Nada. Allá abajo, donde el polvo se acumulará con los años habita el futuro que paciente afila sus garras.

La fiesta de mañana

Cambiar el viejo valor arrojar las monedas al suelo dejar lúdicamente los dados girar y girar y girar. La noche trae sus viejas músicas, en las sonrisas, en las piernas cada canto viene acompañado de su antiguo, intóxicante efecto y las horas se hacen embrujos y en los sillones, en las paredes se dibujan refugios para la risa. Siéntate aquí conmigo, bajémos a eso de antes acompañame, sostén un segundo esta botella, déjame tomar fuerza para recordar, que bien se estaba cuando no eramos siquiera un esbozo de esto que somos, esta triste y desgarrada quimera este emotional crash test dummie esta diluída versión de mi yo adulto. Vamos, que la luna es apta deconstruyamos alegremente nuestros felices errores nuestros fatídicos éxitos.

Proposición

Desconozcámos nuestros nombres demos ese paso atrás en nuestras historias enrollemos el ovillo lentamente olvidémonos. Llegará la mañana la neblina bajará entre las rocas en mis nuevas manos temblará la inocencia la imprudente inocencia, mis ojos seguirán un trazo de mármol, un alúd de silencios un árbol de aves hasta donde finalmente encuentren la espalda donde reposar y en el descuido, una charla ocasional reiniciará un diálogo interminable, donde encontremos las claves que nos usurpó el miedo. Y luego ya después del baile y sus cosas después de la cama y el perfume entre los cuerpos, entre tus suaves manos recuerde los motivos de este llanto.

Sin vestigios

Nos venimos desgastando de tantas noches, en nuestras manos se arrastran telarañas de años negros, de cansancio, de podredumbre. Un lívido hartazgo que se compone de constantes desengaños, de autocomplacencias reventadas, nos deja un velo en los ojos. El espejo nos recuerda a la bestia, a la aberrante costumbre de asegurar nuestra permanencia, nuestro cándido, estúpido camino de esperanzas muertas, declaradas muertas hace ya tanto. Que el sol queme nuestra espalda por siglos, que cada día nos encuentre vacios,temblorosos, expectantes de quien sabe que, que el látigo en las horas nos llene de llagas la mirada, que este descenso interminable multiplique sus húmedos escalones indefinidamente, que nos encuentre siempre la noche con maleta en mano, que no hallemos nunca un lugar donde la palabra nos desnude su significado. Que no nos miren ojos tibios de amor, que no se tienda la mano, que no haya testigos de nuestra caída.