Lector y escritor se desploman al finalizar la lectura

Resulta que sin muchas vueltas, ni demasiadas explicaciones, el mundo si se acabó en el 2012.
Si,los mayas tuvieron razón, hubo gran júbilo en Yucatán y pues eso. Se acabó.

Las explicaciones que llegaron, de acuerdo a varios psicólogos conductivistas, 8 filósofos (4 realistas, 3 idealistas y un solipsista), media docena de físicos cuánticos y al menos 2 taxistas, informaban sobre la posibilidad de que la rotunda negación generalizada hacia éste fenómeno apocalíptico, había conseguido generar una especie de realidad alternativa, a la cuál, una vez que cesó de existir el espacio físico sobre el que basábamos nuestra existencia, nos trasladamos, como una conciencia global interconectada.

Ahora en este "consciente colectivo", manteníamos una coherencia solamente gracias al fervor masivo, que se expresaba en una casi infinita variedad de personalidades efusivas, entusiastas, que se debatían por justificar su existencia, por hacerla palpable, mediante deliciosos elementos de costumbres, hábitos, manías y obsesiones; maravillosos en su complejidad y bien disimulada profundidad.

Si hubiera alguna explicación válida para desenmarañar el hecho de que seguíamos acá, yo escribiendo, ustedes leyendo, el mundo rodando en nuestra mente, era esta.

Una respuesta, que se ofrecía de manera tan vehemente, tan intrincada, tan imposiblemente barroca en su construcción, sencillamente anulaba la pregunta, la aniquilaba, la borraba de la memoria.

Esto era y seguía siendo.
Estamos en esta sincrónica seguridad de que existimos y listo, seguimos.

Pero no, se acabó todo. El 21 de diciembre del 2012 se terminó tiempo y espacio.

Gradualmente, alguien llega a esta conclusión y se suelta.

Los demás entendemos que murió y nada que hacerle, hay un universo que justificar con nuestra respiración para perder tiempo en duelos demasiado prolongados.

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